Entro corriendo en el tren como si llevase puestas unas playeras
aladas. Esta vez fue por poco, pero llegué a tiempo. Me siento,
intento leer un libro mientras miro de reojo a la chica de enfrente
que es todo pelo, todo sonrisa, todo cuerpo y aunque yo levante la
vista a cada capítulo, a cada párrafo, a cada línea,
no me atrevo a mirarla a los ojos. Aparto la mirada como si tuviese
miedo de quedarme petrificado si llegásemos a coincidir, como si
fuese a hechizarme aun más, así que sigo con mi libro por escudo,
pensando que es el tipo de mujer que no sabe lo guapa que es y por eso
será que no se mira en el reflejo de la ventanilla, ni quizás en los
espejos. Y entonces yo, que he sido fuerte, yo, que he evitado su
mirada, yo, al levantarme en la estación del centro, fui precisamente a
enredarme con su pelo, me atrajo a sí y me zambullí en él para
arrancarle un mechón de cabello que conservar entre los míos y no pude
salir. Allí encontré a otros como yo, agarrados a su mechón y
arrastrándose como serpientes en un pelo vivo que ya no pudimos
abandonar. Y nos hemos convencido de que es mejor así, vivir arrastrados
como serpientes, que haber muerto petrificados por una mirada.
28 de febrero de 2006
1 de febrero de 2006
Sin embargo
Pasaba caminando cada mañana por encima del puente de la autopista, hiziese frio o calor, indefectiblemente, los niños veian aparecer una silueta recortada contra un sol velado por el humo de los coches. él era el simbolo de la revolución, de la voluntad ferrea, del desafio, El era el hombre que caminaba indolente sobre los coches, era la excepción, demostrando que habia más opciones, que no necesitava motores de combustion, que todos estaban equivocados. para esos muchachos, era un pionero, un caminante haciendo camino al andar.
A él, cada mañana lo acercaba un compañero de piso hasta la glorieta que lindaba con el puente, lo cruzaba penosamente, rabiando por el frio o el calor y esperaba al otro lado al autobus , casi todas las semanas se lamentaba de abusar tanto del transporte motorizado y soñaba con hacer más deporte, o al menos caminar más.
Sin embargo, para aquellos chavales, y eso es lo unico importante, el siempre seria el hombre que caminaba por el puente.
A él, cada mañana lo acercaba un compañero de piso hasta la glorieta que lindaba con el puente, lo cruzaba penosamente, rabiando por el frio o el calor y esperaba al otro lado al autobus , casi todas las semanas se lamentaba de abusar tanto del transporte motorizado y soñaba con hacer más deporte, o al menos caminar más.
Sin embargo, para aquellos chavales, y eso es lo unico importante, el siempre seria el hombre que caminaba por el puente.
29 de enero de 2006
Episthrophy
(jazzpismo)
y que bueno que bonito es levantarse tranquilo, aun dormido y empezar a tocar, piano piano mientras se plegan sacos y se calienta un desayuno, todos la misma melodia aun perezosa, y que bueno que bonito. Y entonces irse animando, hacer un aprox donde la bateria y el contrabajo se relevan para abrir traza, mientras la melodia coge un cuerpo swing que ya no se te va de la cabeza, donde las miradas buescan el pie de parded y que bueno que bonito. Un primer solo de V+, un largo de saxo, casi repitiendo la melodia pero más intensa, luego parece que se va, que ya no esta en el tempo , pero a cada paso acaba cuacrando con la bateria, que no pierde el ritmo, coge soltura i las notas encuentran esa presa adequada, se adhieren a la roca flotando hasta la R y que bueno que bonito. Entonces silencio, comer un poco en alguna R con el sonido cansado del contrabajo o de su corazon, vuelve la calma que ira desapareciendo a medida que la bateria cobra cuerpo, supera un techo, se anima, alguien grita yeah, refrena un poco el ritmo, busca una cosntancia y lo va subiendo, subiendo, bombo, plato, caja bombo, y aquel bidedo tan apurado, y cuando esta arriba de todo, vuelve al t-t'ta i suenan todos juntos, aquella melodia que ya no sale del cuerpo, que te hace mover los hombros, contoneandose por la pared y que bueno que bonito. Y ya si, crescendo final, todos al ensamble, todos bordando en forto forto una canción que nos encanta y llegar arriva y que bueno que bonito. y repetirla una vez más, y ir bajando el tono, e ir descendiendo hasta el coche y dejar las baquetas sobre la caja y notrarse lo brazos cansados, y quirase el saxo del cuello i mirarnos todos, con la musica todavia en la cabeza y que bueno que bonito.
Epistrophy: A figure, in rhetoric, in which several successive sentences end with the same word or affirmation.
Epistrophy by Telonius Monk.
y que bueno que bonito es levantarse tranquilo, aun dormido y empezar a tocar, piano piano mientras se plegan sacos y se calienta un desayuno, todos la misma melodia aun perezosa, y que bueno que bonito. Y entonces irse animando, hacer un aprox donde la bateria y el contrabajo se relevan para abrir traza, mientras la melodia coge un cuerpo swing que ya no se te va de la cabeza, donde las miradas buescan el pie de parded y que bueno que bonito. Un primer solo de V+, un largo de saxo, casi repitiendo la melodia pero más intensa, luego parece que se va, que ya no esta en el tempo , pero a cada paso acaba cuacrando con la bateria, que no pierde el ritmo, coge soltura i las notas encuentran esa presa adequada, se adhieren a la roca flotando hasta la R y que bueno que bonito. Entonces silencio, comer un poco en alguna R con el sonido cansado del contrabajo o de su corazon, vuelve la calma que ira desapareciendo a medida que la bateria cobra cuerpo, supera un techo, se anima, alguien grita yeah, refrena un poco el ritmo, busca una cosntancia y lo va subiendo, subiendo, bombo, plato, caja bombo, y aquel bidedo tan apurado, y cuando esta arriba de todo, vuelve al t-t'ta i suenan todos juntos, aquella melodia que ya no sale del cuerpo, que te hace mover los hombros, contoneandose por la pared y que bueno que bonito. Y ya si, crescendo final, todos al ensamble, todos bordando en forto forto una canción que nos encanta y llegar arriva y que bueno que bonito. y repetirla una vez más, y ir bajando el tono, e ir descendiendo hasta el coche y dejar las baquetas sobre la caja y notrarse lo brazos cansados, y quirase el saxo del cuello i mirarnos todos, con la musica todavia en la cabeza y que bueno que bonito.
Epistrophy: A figure, in rhetoric, in which several successive sentences end with the same word or affirmation.
Epistrophy by Telonius Monk.
23 de enero de 2006
Recerca
Tot va bé. He estat uns mesos recollint dades i finalment he pogut començar els càlculs. Fa un moment ha sorgit un problema però sembla que és poca cosa i ho podré arreglar ràpid. Uff és tard, demà m'ho miro...
Abans d'ahir em va començar a petar el programa. És un programa comercial, puc canviar alguns paràmetres però no puc accedir a la font, és una caixa negra. Sembla que estic treballant fora de la capacitat del programa.
Aquest matí ens hem reunit i hem decidit passar al pla B. Utilitzaré un programa que es va crear al cartu per fer uns càlculs semblants. Ja es va comprovar que funcionava, i es va utilitzar als càlculs per l'estudi de Barcelona.
Fantàstic, porto una setmana merdenjant amb el nou programa i tampoc funciona. No entenc com el van poder utilitzar en un altre projecte. Però si s'inventa els resultats!!!!
Ahir vam tenir una altra reunió, passem al pla C. Utilitzaré un altre programa més potent que ja ha demostrant la seva fiabilitat. Per cert, durant la reunió ningú va donar massa importància al fet que l'altre programa no funcionés bé! Total, aqueslls càlculs només es van utilitzar en una tesi...
De conya! Últimament semblo Atila, Rei dels Huns (i dels zeros). Per on passo no torna a compilar un programa. Ara resulta que el pla C tampoc funciona. Ahir a la tarda, quan més aprop estàvem de la solució (o això crèiem), vam tornar al principi. Això és un laberint, com més camines més perdut estàs. Començo a pensar que no hi hauria d'haver entrat.
Avui ja m'estic posant de malla llet! No sé, tinc moltes ganes de fer mal a algú o destruir alguna cosa, en especial el PC que tinc davant. És divendres i no em vull emportar aquesta merda al cap durant tot el cap de setmana. Em sembla que la Sara (la meva colega en aquest calvari) i jo estem a tocar a la desesperació. Estem dins del laberint, més lluny de la sortida que mai. Diveguem... Fa uns moments hem fet un càlcul i quan l'hem acabat ja no sabíem perquè servia.
La Sara està representant unes gràfiques (ja no sé què són) i jo m'estic davant la pantalla amb la mirada perduda. He atravessat la pantalla i les parets, estic prenent el Sol a fora i pensant el que podria fer amb aquest bon temps...
Un núvol m'ha fet "entrar" de nou al cartu. No pot ser, en algun moment se'ns ha escapat alguna cosa, però ara som molt lluny d'aquest punt, no sé si serem capaços de trobar-ho.
Estic pensant que no hi ha solució possible. Tampoc cal dramatitzar, però m'emprenya pensar que aquest malparit és més intel·ligent que nosaltres...
Sara, un moment!!! Què és aquell zero???? Què hi fa aquí??? Els últims dies he estat treballant amb aquest fitxer de paràmetres i en aquesta posició sempre hi havia: 0,1,0. Però en aquest fitxer, que no sé d'on ha sortit, hi ha: 0,0,0. No pot ser això. Podria ser... Ha de ser això!!!!! Prover-m'ho!!
I què uns penseu?? Que si no haguéssim trobat la solució estaria escrivint en aquest blog???
Abans d'ahir em va començar a petar el programa. És un programa comercial, puc canviar alguns paràmetres però no puc accedir a la font, és una caixa negra. Sembla que estic treballant fora de la capacitat del programa.
Aquest matí ens hem reunit i hem decidit passar al pla B. Utilitzaré un programa que es va crear al cartu per fer uns càlculs semblants. Ja es va comprovar que funcionava, i es va utilitzar als càlculs per l'estudi de Barcelona.
Fantàstic, porto una setmana merdenjant amb el nou programa i tampoc funciona. No entenc com el van poder utilitzar en un altre projecte. Però si s'inventa els resultats!!!!
Ahir vam tenir una altra reunió, passem al pla C. Utilitzaré un altre programa més potent que ja ha demostrant la seva fiabilitat. Per cert, durant la reunió ningú va donar massa importància al fet que l'altre programa no funcionés bé! Total, aqueslls càlculs només es van utilitzar en una tesi...
De conya! Últimament semblo Atila, Rei dels Huns (i dels zeros). Per on passo no torna a compilar un programa. Ara resulta que el pla C tampoc funciona. Ahir a la tarda, quan més aprop estàvem de la solució (o això crèiem), vam tornar al principi. Això és un laberint, com més camines més perdut estàs. Començo a pensar que no hi hauria d'haver entrat.
Avui ja m'estic posant de malla llet! No sé, tinc moltes ganes de fer mal a algú o destruir alguna cosa, en especial el PC que tinc davant. És divendres i no em vull emportar aquesta merda al cap durant tot el cap de setmana. Em sembla que la Sara (la meva colega en aquest calvari) i jo estem a tocar a la desesperació. Estem dins del laberint, més lluny de la sortida que mai. Diveguem... Fa uns moments hem fet un càlcul i quan l'hem acabat ja no sabíem perquè servia.
La Sara està representant unes gràfiques (ja no sé què són) i jo m'estic davant la pantalla amb la mirada perduda. He atravessat la pantalla i les parets, estic prenent el Sol a fora i pensant el que podria fer amb aquest bon temps...
Un núvol m'ha fet "entrar" de nou al cartu. No pot ser, en algun moment se'ns ha escapat alguna cosa, però ara som molt lluny d'aquest punt, no sé si serem capaços de trobar-ho.
Estic pensant que no hi ha solució possible. Tampoc cal dramatitzar, però m'emprenya pensar que aquest malparit és més intel·ligent que nosaltres...
Sara, un moment!!! Què és aquell zero???? Què hi fa aquí??? Els últims dies he estat treballant amb aquest fitxer de paràmetres i en aquesta posició sempre hi havia: 0,1,0. Però en aquest fitxer, que no sé d'on ha sortit, hi ha: 0,0,0. No pot ser això. Podria ser... Ha de ser això!!!!! Prover-m'ho!!
I què uns penseu?? Que si no haguéssim trobat la solució estaria escrivint en aquest blog???
16 de enero de 2006
metafora
Hay dias que los instrumentos estan desafinados, la cantante costipada y el director de orquesta no llega. Sin embargo, nosotros tocamos con la misma ilusión.
5 de enero de 2006
buenosdias 2006
Me disparan con balas de mariposa. The world is a Vampire. Abro los ojos, es genial...ha sido jordi, tiene que haber sido él quien ha puesto esa canción, en este preciso momento, subo las escaleras y todo el mundo duerme. Jordi duerme. Solo un 25 por ciento de posibilidades de que sonara La canción en el random del despertador. Pero ha sonado. El mundo parece encajar una vez más. buenosdias.
Abro los ojos. Me despierto, oigo a lluis cerrar la puerta, pablo prepara café. Abro los ojos. Me despierto y desentumezco el cuello del sofa de casa, vamos a ver al hermano dani. Me despierto, nos recoge jordi para ir a fontnostra. Me despierto, el fuego de la chimenea acalora mi siesta. Suena el despertador, lo ignoramos en la libertad de ser libres. Me despierto, asomo al hielo fuera de mi saco. Me despierto. Hay que reparar el tejado...
Yo solo me he despertado unas pocas veces en el 2006, pero parece que a cada momento se despierta todo, y con regusto a lindos sueños.
Abro los ojos. Me despierto, oigo a lluis cerrar la puerta, pablo prepara café. Abro los ojos. Me despierto y desentumezco el cuello del sofa de casa, vamos a ver al hermano dani. Me despierto, nos recoge jordi para ir a fontnostra. Me despierto, el fuego de la chimenea acalora mi siesta. Suena el despertador, lo ignoramos en la libertad de ser libres. Me despierto, asomo al hielo fuera de mi saco. Me despierto. Hay que reparar el tejado...
Yo solo me he despertado unas pocas veces en el 2006, pero parece que a cada momento se despierta todo, y con regusto a lindos sueños.
27 de diciembre de 2005
no exagero nada
escribi una buena nota de ayuda, una que explicase mi situación, mi posición, mi estado. Cogí la mejor de mis palomas mensajeras y anille el auxilio a su pata. Lo hize solo por precaución. Por que tenia la sensación de que estaba cayendo en una tela de araña urdida con cierta alevosia, aunque realmente no sabia nada. En todo caso no me iban a pillar. No a mi. Yo llevaba las espaldas cubiertas. La paloma se acomodo en mi hombro y recorrimos una vez más aquel camino en espiral que conducia inexorablemente hasta tu casa. llegue como he llegado mil veces, me atraistes zalamera, contoneandonos con los movimientos ya aprendidos de tu cuerpo y por alguna razón quise escapar. Di el orden preciso a la paloma mensajera, pero no se movio. solo entonces comprendi que todo estaba perdido. o que todo estaba bien. o que me quedaria aquí, con tigo, el resto de mi vida. Lo comprendi por que las palomas mensajeras siempre vueven a casa. siempre. a no ser que ya esten en casa.
19 de diciembre de 2005
Silenci
El Silenci, últimament està poc valorat. Sembla que tothom es creu amb la llibertat de robar-nos el Silenci quan i on vulgui. Els sorolls dels cotxes, motos, autobusos pel carrer; les musiquetes horribles dels mòbils; les converses cridaneres al tren; aquell experiment mutant que és el Canalmetro...
Potser és que som pocs que valorem això, el Silenci. Encara que des del meu punt de vista és un patrimoni de tots. No ho entenc, ningú té la necessitat de la calma que produeixen uns moments de Silenci??? O potser tenim la necessitat de crear sorolls constantment per no haver de sentir les veus interiors que són tan emprenyadores...
Silenci, Silenci, Silenci... Només vull sentir això, Silenci! Hi ha frases tan boniques que ens parlen del silenci: "El Silenci també és una opinió a vegades...". O endevinalles: "Si m'anomenes desapareixo". I quan en una conversa en grup de cop es produeix el Silenci, algú diu: "Ha passat un àngel". Un àngel!!, quin símbol de tranquil·litat, bondat, calma, salvació...
Potser d'aquí a uns anys s'hauran de crear zones de Silenci com ara es creen zones per a fumadors. Llocs tancats, insonoritzats per a poder gaudir d'aquest bé tan escàs. Ni crits, ni músiques de mòbils, ni pitades de cotxe... Només Silenci
Potser és que som pocs que valorem això, el Silenci. Encara que des del meu punt de vista és un patrimoni de tots. No ho entenc, ningú té la necessitat de la calma que produeixen uns moments de Silenci??? O potser tenim la necessitat de crear sorolls constantment per no haver de sentir les veus interiors que són tan emprenyadores...
Silenci, Silenci, Silenci... Només vull sentir això, Silenci! Hi ha frases tan boniques que ens parlen del silenci: "El Silenci també és una opinió a vegades...". O endevinalles: "Si m'anomenes desapareixo". I quan en una conversa en grup de cop es produeix el Silenci, algú diu: "Ha passat un àngel". Un àngel!!, quin símbol de tranquil·litat, bondat, calma, salvació...
Potser d'aquí a uns anys s'hauran de crear zones de Silenci com ara es creen zones per a fumadors. Llocs tancats, insonoritzats per a poder gaudir d'aquest bé tan escàs. Ni crits, ni músiques de mòbils, ni pitades de cotxe... Només Silenci
12 de diciembre de 2005
otro cuentito
(otro ejercició rescatado de portaviones y tomates)
Teniamos más agua encima nuestro que debajo, y eso que estabamos en un
portaviones flotando en medio del oceano pacifico. Llevava ya siete
dias diluviando, los chicos estavan nerviosos. Cuando no se puede
salir de maniobras se come más, se juega más y se pelea más. El
capitan me confeso que la situacion era insostenible, y yo sabia que
casi no quedaban viveres.
No paro de llover, pero ha veces no hace falta solucionar todos los
problemas. Cuando nos enteramos que el "estrella lejana", barco
insignia de la flota militar de mercancias, estaba aqui cerca, supe
que: Uno; nosotros estavamos muy lejos, y Dos; que llevaban
comida fresca. EL capitan me confeso que la situacion estava salvada,
teniamos alimento y lo que más necesitavamos, una distracción.
Una vez acoplados los barcos el decargo fue epico. El navio tan solo
llevaba tomates, al menos eran tres toneladas de tomates que empezamos
a descargar bajo una lluvia torrencial. A mike se le cayo una caja.
Peter lanzo un tomatazo a John y los dos siguientes salieron en
dirección a mi. La testosterona acumulada durante una semana hizo el
resto y la batalla se prolongo entre risas y gritos hasta el
anochecer. Jamas habia visto correr tanto a los soldados, empapados de
rojo pasion, por la pista principal. El capitan tuvo que confesarme que
el tambien habia estado rebolcando a los pilotos por la pista
atomatada.
Dejo de llover. llego la noche y una chicha calma, la cubierta era un
espectaculo de gente dormida lamiendose la mejilla con sabor
acido-dulzon. nadie estaba donde habia de estar y entonces vimos el
submarino enemigo. Debia llevar allí un buen rato, sino no, no lo
habriamos detectado, pues el radar hacia tiempo que tan solo detectava
tres pepitas de tomate. solo yo y Ryan lo sabiamos. No hacia falta
hacer nada, estabamos a su merced, nos podian atomatar cuando
quisieran. Solo se lo comunicamos al capitan, que tuvo que confesar
que teniamos una flor en el culo, por que los japos, al ver una
cubierta de cuerpos pringosos y aviones atomatados debieron pensar ...
nose... algo debieron pensar para dar media vuelta y huir como si
tuvieramos tomatosis. Desde aqui, me permito confesar por escrito que desde
entonces, el miedo sabe a tomate.
Teniamos más agua encima nuestro que debajo, y eso que estabamos en un
portaviones flotando en medio del oceano pacifico. Llevava ya siete
dias diluviando, los chicos estavan nerviosos. Cuando no se puede
salir de maniobras se come más, se juega más y se pelea más. El
capitan me confeso que la situacion era insostenible, y yo sabia que
casi no quedaban viveres.
No paro de llover, pero ha veces no hace falta solucionar todos los
problemas. Cuando nos enteramos que el "estrella lejana", barco
insignia de la flota militar de mercancias, estaba aqui cerca, supe
que: Uno; nosotros estavamos muy lejos, y Dos; que llevaban
comida fresca. EL capitan me confeso que la situacion estava salvada,
teniamos alimento y lo que más necesitavamos, una distracción.
Una vez acoplados los barcos el decargo fue epico. El navio tan solo
llevaba tomates, al menos eran tres toneladas de tomates que empezamos
a descargar bajo una lluvia torrencial. A mike se le cayo una caja.
Peter lanzo un tomatazo a John y los dos siguientes salieron en
dirección a mi. La testosterona acumulada durante una semana hizo el
resto y la batalla se prolongo entre risas y gritos hasta el
anochecer. Jamas habia visto correr tanto a los soldados, empapados de
rojo pasion, por la pista principal. El capitan tuvo que confesarme que
el tambien habia estado rebolcando a los pilotos por la pista
atomatada.
Dejo de llover. llego la noche y una chicha calma, la cubierta era un
espectaculo de gente dormida lamiendose la mejilla con sabor
acido-dulzon. nadie estaba donde habia de estar y entonces vimos el
submarino enemigo. Debia llevar allí un buen rato, sino no, no lo
habriamos detectado, pues el radar hacia tiempo que tan solo detectava
tres pepitas de tomate. solo yo y Ryan lo sabiamos. No hacia falta
hacer nada, estabamos a su merced, nos podian atomatar cuando
quisieran. Solo se lo comunicamos al capitan, que tuvo que confesar
que teniamos una flor en el culo, por que los japos, al ver una
cubierta de cuerpos pringosos y aviones atomatados debieron pensar ...
nose... algo debieron pensar para dar media vuelta y huir como si
tuvieramos tomatosis. Desde aqui, me permito confesar por escrito que desde
entonces, el miedo sabe a tomate.
29 de noviembre de 2005
Tu gato (o mi confesión)
Así que fue eso. Tan simple, tan prosaico, tan y tan vulgar. Eso. Sin más razones que aquella nadería. Que se iba. Que me dejaba de una vez por todas. Sin más motivo que aquel estúpido felino de ojos verdes satánicos. Que lo nuestro había acabado. Que matar a su gato fue una monstruosidad por mi parte. Que...
En fin, no sé de qué me extraño. Siempre fue así de maniático en el cuidado de sus pertenencias. Sus libros impecablemente alineados en la estantería. Su ropa clasificada por colores, por texturas, sus calcetines plegados bajo protocolo. Se ponía como una furia si alguien desbarataba su orden personal, si faltaba su cepillo de dientes, si alguien había tomado prestada su radio-despertador. Y aquel maldito gato, para colmo, era la niña de sus ojos.
Yo, la verdad, nunca pude soportarlo. Para mí siempre fue una sombra siniestra que acechaba malignamente nuestra relación. La marca de sus uñas en la camiseta que le regalé. Aquellas zapatillas que tejí para él, destrozadas por sus finos y crueles colmillos. Y esos luceros encendidos en la noche, clavados en mis pupilas cuando él y yo hacíamos el amor.
La idea de deshacerme de su mascota surgió pronto en mi mente, casi al principio de nuestra relación. Primero como un juego, nada más. Poco a poco, fue afirmándose en mi interior. Al cabo de unos meses estaba decidida.
Más difícil fue idear el método. Habría de ser algo limpio, discreto, pero a la vez esmerado, sutil, algo brillante.
Fue un día, casi por casualidad, cuando hallé la manera. Por aquella época solía asistir a todo tipo de actos culturales. Esa tarde, en una soporífera conferencia sobre la literatura del romanticismo y no sé qué majaderías, cuando me debatía entre el sueño y aquel aburridísimo lector que nos torturaba con Bécquer a pleno pulmón y mi pupila en tu pupila azul, apareció el plan en mi cabeza. No sé, quizá lo soñé. Quizá sus maquinales palabras rozaron mi inspiración. Consumí el tiempo que restaba de conferencia en hilvanar mi idea. Poesía eres tú y cada detalle de mi venganza cobrando forma. Mi estrategia era perfecta. Casi perfecta.
Aquella misma noche, comencé su ejecución, lenta, cruel, la venganza perfecta.
Cuando él salió a hacer footing, como cada día, me arrimé al gato. Lo atraje con zalamerías, con carantoñas, no había manera, con un pedazo de jamón finalmente. Creo que al principio recelaba de mí. Lo tomé entre mis brazos, lo acuné en mi regazo. Cuando su ronroneo mecánico invadió todo el salón, cuando su vulnerabilidad era máxima, entonces comencé mi ataque.
Suave, tierna, casi sensualmente, susurré, con mis labios en sus pérfidas orejas puntiagudas, mil historias inventadas al momento. Aventuras de valientes gatos que acaban con jaurías enteras de perros, platos humeantes, suculentos ratones, repipis mininas maullando coquetamente...
No tardaron en revelarse los efectos. Aquel infeliz se dejaba seducir por el arrullo de mi voz en sus oídos, caía lentamente dormido, su cuerpo comenzaba a vibrar al compás de mis aventuras. Se escapaban de sus fauces de felino potentes rugidos cuando mi relato le llevaba a una cacería, ronroneos de placer ante los encantos de mis gatitas imaginarias, secreciones gástricas dedicadas a aquellos manjares de roedor.
¡Mi plan funcionaba! Era tan simple, diría que tan sencillo que podría llamarse genial.
Desde aquella noche, día tras día, semana tras semana, susurré en sus oídos cientos de cuentos, de historias, incluso poemas de gatos, que hacían vibrar su imaginación, que lo estremecían en sueños.
Creo que aquel gato vivió su más feliz época entre mis brazos. Empapado de sudor tras felinas persecuciones policiales, erizado hasta el último pelo tras amores que lo dejaban exhausto, tiritando hasta los huesos de frío y de emoción tras grandes viajes transoceánicos.
Con el tiempo, me fui perfeccionando. Llegó a agradarme toda aquella comedia. En el trabajo, dedicaba gran parte del día a escribir las más apasionantes aventuras que nadie concibió jamás para un gato.
No mantengo una clara noción del paso del tiempo en aquella época. Mi vida se centró de tal modo en mi venganza que no podría decir si pasaron tan sólo unos pocos meses o varios años.
Disfrutaba tanto al verlo sujeto a mis caprichos literarios. Creo que incluso llegué a cogerle cierto cariño a aquel animal. Quizá tan solo simpatía. Alguna forma de apego.
Sin embargo, no me dejé seducir por estos sentimientos. Mi plan, como todo plan, tenía un objetivo que cumplir.
Presentí que se acercaba la fecha. El gato se había convertido en una sombra de mis historias. Apenas comía si no era en sueños, alentado por mis relatos, apenas caminaba si no era en su imaginación, si no era en mi imaginación que le prestaba tan sólo una hora escasa cada día. Esos minutos se convirtieron en su pan y su cama, en sus instintos y en su única razón de existencia.
Planeé el gran día con mucha antelación. Escribí decenas de borradores, que desechaba por demasiado extensos, por demasiado breves, por increíbles, por insulsos, por mezquinos, por morbosos...
Por fin lo tuve entre mis manos. El Relato. La Gran Aventura.
Aquella noche no escatimé mimos, carantoñas, arrumacos, cuando él se fue a su habitual footing y el gato y yo nos quedamos solos, en esta especie de intimidad, de mutua necesidad que habíamos creado. Subió a mis rodillas, zalamero, anhelante.
Con todo lujo de detalles le relaté mansamente la que sería su última gran aventura. No escatimé en efectos visuales, en metáforas tan crudas, en ritmos galopantes de mi voz y cadencias trepidantes.
Le conté....
Cómo una fría noche de invierno tú, gato, subes a mis rodillas, tierno, confiado. Cómo yo, entre susurros seductores te acaricio, intensamente, casi dirías que con fuerza, cómo presiono entre caricias tu frágil garganta, cómo un placer intenso que ahora se mezcla con dolor sube desde la punta de tu rabo por toda tu espina dorsal. Dolor, dolor, cómo te agitas en mi regazo, en vano. La mano que te atenaza presiona cada vez más y más. Cómo se nubla tu mente, cómo pierdes uno a uno todos tus sentidos, cómo finalmente caes rendido, exánime, inerte, sobre mis pies.
Aún hoy, a pesar de los muchos años que han pasado, noto aquel ser blando, desarticulado, sin vida, resbalando hasta mis zapatillas de fieltro, justo en el instante en que yo sellaba con un silencio final mi última gran historia.
Aquella noche él volvió de su diario footing. El gato yacía congestionado en el suelo.
Recuerdo su cara desolada, mis mentiras inocentes.
Lo encontré así, le juré mil veces, cuando llegué del supermercado con mi bolsa de la compra llena de Wiskas.
Asfixia nerviosa, diagnosticó el veterinario, ante su ridícula insistencia en analizar la causa de tan repentina muerte. Por estrés, este tipo de cosas pasan, señor.
Después de este día, la rutina regresó a nuestras vidas. Todo volvió a la normalidad, Nuestra relación andaba unos días arriba, unos días abajo, como lo hacen todas. Trabajábamos, salíamos a pasear, íbamos a la compra. A veces, sólo algunas veces, echaba de menos tantas historias que escribir, sus maullidos coreando mis relatos, su hocico húmedo pidiéndome una más, una sola historia más cada noche.
Todo fue normal hasta el día en que lo encontró. Maldito fallo. El último borrador de la gran historia final, arrugado tras el sofá. Incluso me acusó de cometer con mis propias manos todas aquellas atrocidades. Como una vulgar, como una cualquiera. Como si yo no tuviera clase. Qué ofensa a mi genio.
Y fue entonces cuando se marchó.
Lástima que aquel ridículo error me delatara.
Lástima que se lo tomara tan a pecho. Siempre lo dije: era tan susceptible en lo que a sus cosas se refería...
En fin, no sé de qué me extraño. Siempre fue así de maniático en el cuidado de sus pertenencias. Sus libros impecablemente alineados en la estantería. Su ropa clasificada por colores, por texturas, sus calcetines plegados bajo protocolo. Se ponía como una furia si alguien desbarataba su orden personal, si faltaba su cepillo de dientes, si alguien había tomado prestada su radio-despertador. Y aquel maldito gato, para colmo, era la niña de sus ojos.
Yo, la verdad, nunca pude soportarlo. Para mí siempre fue una sombra siniestra que acechaba malignamente nuestra relación. La marca de sus uñas en la camiseta que le regalé. Aquellas zapatillas que tejí para él, destrozadas por sus finos y crueles colmillos. Y esos luceros encendidos en la noche, clavados en mis pupilas cuando él y yo hacíamos el amor.
La idea de deshacerme de su mascota surgió pronto en mi mente, casi al principio de nuestra relación. Primero como un juego, nada más. Poco a poco, fue afirmándose en mi interior. Al cabo de unos meses estaba decidida.
Más difícil fue idear el método. Habría de ser algo limpio, discreto, pero a la vez esmerado, sutil, algo brillante.
Fue un día, casi por casualidad, cuando hallé la manera. Por aquella época solía asistir a todo tipo de actos culturales. Esa tarde, en una soporífera conferencia sobre la literatura del romanticismo y no sé qué majaderías, cuando me debatía entre el sueño y aquel aburridísimo lector que nos torturaba con Bécquer a pleno pulmón y mi pupila en tu pupila azul, apareció el plan en mi cabeza. No sé, quizá lo soñé. Quizá sus maquinales palabras rozaron mi inspiración. Consumí el tiempo que restaba de conferencia en hilvanar mi idea. Poesía eres tú y cada detalle de mi venganza cobrando forma. Mi estrategia era perfecta. Casi perfecta.
Aquella misma noche, comencé su ejecución, lenta, cruel, la venganza perfecta.
Cuando él salió a hacer footing, como cada día, me arrimé al gato. Lo atraje con zalamerías, con carantoñas, no había manera, con un pedazo de jamón finalmente. Creo que al principio recelaba de mí. Lo tomé entre mis brazos, lo acuné en mi regazo. Cuando su ronroneo mecánico invadió todo el salón, cuando su vulnerabilidad era máxima, entonces comencé mi ataque.
Suave, tierna, casi sensualmente, susurré, con mis labios en sus pérfidas orejas puntiagudas, mil historias inventadas al momento. Aventuras de valientes gatos que acaban con jaurías enteras de perros, platos humeantes, suculentos ratones, repipis mininas maullando coquetamente...
No tardaron en revelarse los efectos. Aquel infeliz se dejaba seducir por el arrullo de mi voz en sus oídos, caía lentamente dormido, su cuerpo comenzaba a vibrar al compás de mis aventuras. Se escapaban de sus fauces de felino potentes rugidos cuando mi relato le llevaba a una cacería, ronroneos de placer ante los encantos de mis gatitas imaginarias, secreciones gástricas dedicadas a aquellos manjares de roedor.
¡Mi plan funcionaba! Era tan simple, diría que tan sencillo que podría llamarse genial.
Desde aquella noche, día tras día, semana tras semana, susurré en sus oídos cientos de cuentos, de historias, incluso poemas de gatos, que hacían vibrar su imaginación, que lo estremecían en sueños.
Creo que aquel gato vivió su más feliz época entre mis brazos. Empapado de sudor tras felinas persecuciones policiales, erizado hasta el último pelo tras amores que lo dejaban exhausto, tiritando hasta los huesos de frío y de emoción tras grandes viajes transoceánicos.
Con el tiempo, me fui perfeccionando. Llegó a agradarme toda aquella comedia. En el trabajo, dedicaba gran parte del día a escribir las más apasionantes aventuras que nadie concibió jamás para un gato.
No mantengo una clara noción del paso del tiempo en aquella época. Mi vida se centró de tal modo en mi venganza que no podría decir si pasaron tan sólo unos pocos meses o varios años.
Disfrutaba tanto al verlo sujeto a mis caprichos literarios. Creo que incluso llegué a cogerle cierto cariño a aquel animal. Quizá tan solo simpatía. Alguna forma de apego.
Sin embargo, no me dejé seducir por estos sentimientos. Mi plan, como todo plan, tenía un objetivo que cumplir.
Presentí que se acercaba la fecha. El gato se había convertido en una sombra de mis historias. Apenas comía si no era en sueños, alentado por mis relatos, apenas caminaba si no era en su imaginación, si no era en mi imaginación que le prestaba tan sólo una hora escasa cada día. Esos minutos se convirtieron en su pan y su cama, en sus instintos y en su única razón de existencia.
Planeé el gran día con mucha antelación. Escribí decenas de borradores, que desechaba por demasiado extensos, por demasiado breves, por increíbles, por insulsos, por mezquinos, por morbosos...
Por fin lo tuve entre mis manos. El Relato. La Gran Aventura.
Aquella noche no escatimé mimos, carantoñas, arrumacos, cuando él se fue a su habitual footing y el gato y yo nos quedamos solos, en esta especie de intimidad, de mutua necesidad que habíamos creado. Subió a mis rodillas, zalamero, anhelante.
Con todo lujo de detalles le relaté mansamente la que sería su última gran aventura. No escatimé en efectos visuales, en metáforas tan crudas, en ritmos galopantes de mi voz y cadencias trepidantes.
Le conté....
Cómo una fría noche de invierno tú, gato, subes a mis rodillas, tierno, confiado. Cómo yo, entre susurros seductores te acaricio, intensamente, casi dirías que con fuerza, cómo presiono entre caricias tu frágil garganta, cómo un placer intenso que ahora se mezcla con dolor sube desde la punta de tu rabo por toda tu espina dorsal. Dolor, dolor, cómo te agitas en mi regazo, en vano. La mano que te atenaza presiona cada vez más y más. Cómo se nubla tu mente, cómo pierdes uno a uno todos tus sentidos, cómo finalmente caes rendido, exánime, inerte, sobre mis pies.
Aún hoy, a pesar de los muchos años que han pasado, noto aquel ser blando, desarticulado, sin vida, resbalando hasta mis zapatillas de fieltro, justo en el instante en que yo sellaba con un silencio final mi última gran historia.
Aquella noche él volvió de su diario footing. El gato yacía congestionado en el suelo.
Recuerdo su cara desolada, mis mentiras inocentes.
Lo encontré así, le juré mil veces, cuando llegué del supermercado con mi bolsa de la compra llena de Wiskas.
Asfixia nerviosa, diagnosticó el veterinario, ante su ridícula insistencia en analizar la causa de tan repentina muerte. Por estrés, este tipo de cosas pasan, señor.
Después de este día, la rutina regresó a nuestras vidas. Todo volvió a la normalidad, Nuestra relación andaba unos días arriba, unos días abajo, como lo hacen todas. Trabajábamos, salíamos a pasear, íbamos a la compra. A veces, sólo algunas veces, echaba de menos tantas historias que escribir, sus maullidos coreando mis relatos, su hocico húmedo pidiéndome una más, una sola historia más cada noche.
Todo fue normal hasta el día en que lo encontró. Maldito fallo. El último borrador de la gran historia final, arrugado tras el sofá. Incluso me acusó de cometer con mis propias manos todas aquellas atrocidades. Como una vulgar, como una cualquiera. Como si yo no tuviera clase. Qué ofensa a mi genio.
Y fue entonces cuando se marchó.
Lástima que aquel ridículo error me delatara.
Lástima que se lo tomara tan a pecho. Siempre lo dije: era tan susceptible en lo que a sus cosas se refería...
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