Me...
Lenlén, bonica, biutiful guel o mai darlin, me molaría contarte una historia sobre un canguro saltarín o sobre el fuego y mi alma, o sobre unos ojos que se cierran cuando otros se entrelazan. Sobre las hojas que este año se resisten al otoño, o algo más del pais que veía de niña paralelo a nuestras vidas, lleno de hadas y de brillantes árboles color pastel. A Lili le molaría hacerte un ring y a alguna de "mis" avispas les gustraía superar su eterna borrachera. Pero apenas te hablaré de un camaleón cansado y algo perezoso al que sus escamas se le han decretado en vaga, en sintonía con sus adentros, y pasan de cambiar de color con el ambiente, sea éste bueno, sea éste malo. Así permanecen ellas de un soso y descuidado color blanco sucio, visiblemente desaliñadas. Al no desarrollar su mimetismo, se pensaría ser un réptil desprotejido ante el mal e igual de vulnerable ante cualquier bien revitalizante, pero sucede más bien lo contrario... Quizás su presencia (y su trascendencia) sea "en realidad" demasiado relativa... y demasiado ligada a su propio ser. Y es que su interior permanece igual de neutro, incapaz, dentro en el pecho clavado rosal frutos redondos bellos carmín pero espinas espinas espinas y en el medio piiiiiiiiiiiiiiiiiii la línea recta, paralizadora. Sólo a veces alguna escama se estremece y así, sin más, esa vira a negro, apesumbrándole un poco, un muy poquito, el alma... Y, de vez en cuando, alguna se colorea, oh un tono!, es entonces cuando en en el rostro del camaleón se traza una sonrisa pequeña, muy pequeñita, incrédula, y él se extraña (¿es a mi?).
Al camaleón le sorprendí hace un tiempo por primera vez al otro lado de un espejo. Entendí que lo peor o lo mejor es que a él no le importa un carajo que, aunque continue apreciando la vida por fuera, últimamente apenas desee tomar parte de ella. Está cómodo rodeado de ese sucio color de papel mal reciclado. Pupila contra pupila, no sentí nada por él. No pude. No pudo. Yo tampoco le di pena.
...the camaleon